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TOCAR UN MONSTRUO / Gabriel Calderón

 




La obra estaba en pausa desde que el director se hizo cargo de la Comedia Nacional.

“Desde el principio, Gabriel nos decía que con Ana contra la muerte intentó tocar el dolor, y que con esta obra se propone tocar el horror”, resume Gustavo Kreiman, quien junto con Leonardo Sosa se hizo cargo de la dirección de Tocar un monstruo, la pieza más reciente de Gabriel Calderón.

El autor escribió que en estas dos obras cultivó otro estilo, que inaugura, en lo que describe como su “modesta biblioteca”, un espacio propio: “Es un estante donde el humor está ausente y donde confío en la fuerza de las actrices y los diálogos, con la única herramienta de la palabra, para desarrollar lo único que me obsesiona: teatro”.

Sobre este punto, Kreiman no duda en tildar de “realmente dura” a esta historia, pero “sin golpes bajos ni morbosidad”. “Es una obra que se pregunta si el mundo está peor o mejor, y para eso toca casos de masacres realizadas por adolescentes”, adelanta. “Y va al hueso. Hay un desafío porque el análisis que propone de la realidad es para dialogar con la platea, intentando generar preguntas, más que respuestas, que sea una asamblea teatral en la que el público saque sus propias conclusiones. Entonces, nuestra hipótesis de dirección con Leo es que todo sea suave, lúdico y tenga oxígeno, tanto en términos escenográficos como de vestuario, desde la gráfica, desde la comunicación. No estetizando, para nada, pero dándole un marco amable. También que el planteo priorice que se vea a dos actrices que están jugando a la ficción”.

Detrás de este montaje, que atravesó un largo viaje hasta su estreno, programado para el martes en el teatro Odeón, sucedió una suerte de involuntario juego de postas. Calderón quería hacer una obra con Dahiana Méndez, y Leo Sosa ya estaba como asistente de dirección cuando Kreiman se incorporó para compartir el trabajo. Kreiman había sido alumno de Calderón en la Tecnicatura Universitaria en Dramaturgia y lo considera un referente desde antes de venirse de Córdoba; además, compartían otro vínculo, el de Gonzalo Marull, otro profesor suyo de dramaturgia. De manera que llegaron antes los asados que los proyectos en común.

Después Calderón fue el coordinador de una residencia que Sergi Belbel dio en Atlántida. “Ahí conocí a muchos uruguayes antes de venirme a vivir”, dice.
Hace dos años, por fin Calderón lo sumó a su nueva creación. “Partimos laburando de algunos principios, bocetos de texto que tenía él, pero la obra no estaba escrita en su totalidad”, recuerda. Eran los estertores de 2021, cuando Calderón fue designado director artístico de la Comedia Nacional. Más tarde fue Gustavo Saffores el que ganó el concurso para ingresar al elenco oficial.

El proyecto volvió a pincharse hasta que Dahiana propuso trabajar con su amiga Carla Moscatelli. Cuenta Kreiman que no le dieron mucha vuelta al asunto de pasar a trabajar con una actriz en lugar de un actor. “Obviamente que resignifica, porque, de alguna manera, el movimiento que hace la obra es que mientras son personajes distintos que están refiriéndose a monstruos que están afuera, deviene la monstruosidad en carne propia. El monstruo está afuera pero se va revelando que el monstruo somos nosotros. En ese sentido, que sean dos mujeres las que están dándole cuerpo a eso aporta muchísimas lecturas diagonales”.

“Lo que fue muy interesante –siento que ahí hay tremendo aprendizaje y está la generosidad de Gabriel– es que tuvimos un gran trabajo junto a él en cuanto a la dramaturgia y a la concepción del espectáculo en términos de la dimensión sensible del texto. Tuvimos muchas juntadas en las cuales, a partir de la idea que traía, la discutíamos, entre los tres la íbamos polenteando para ir con papelógrafos armando la obra”, recapitula sobre una estructura que, anticipa, es compleja.

De ese modo se soldaron seis escenas autónomas que pasan por tres clases sociales, para abordar lo monstruoso desde esas diferencias. Son 12 personajes desde un barrio marginal a un complejo hotelero en la montaña. “Por ejemplo, que la obra avance para atrás. Son cosas que él planteaba y con Leo seguíamos dándoles forma. Incluso a veces le hacíamos bocetos de escenas y sobre esa base él seguía avanzando con el texto”, detalló.

Tampoco faltó la mirada del autor durante los primeros ensayos, hasta que la dupla de directores, ya con el ingreso de Moscatelli por Saffores, continuó fluyendo por su lado, con un aporte más satelital de Calderón que, como apunta Kreiman, tiró líneas para conseguir “un montaje más picante”.

Agrega el cordobés que se sienten desafiados por el proyecto, pero a la vez a la altura: “Cocrear con una persona que admiramos desde chicos fue una re linda experiencia, y además la codirección con Leo, entenderse (venimos hace casi tres años laburando juntos, está muy pulido el vínculo)”, asegura.

“Elaboramos una idea común de la obra y después las diferencias ya pasan a ser estéticas, digamos, pero se comparte el espíritu poético de lo que queremos hacer. Y Dahiana y Carla son también dos monstruas a quienes respetamos muchísimo; aprendés de dirección dirigiéndolas, porque son tan buenas que todo lo que proponen te estimula a seguir pensando. Ni siquiera nos trancamos discutiendo cómo construir la masculinidad de lo actoral. La obra funda su propia convención. Hay un prólogo en el que lo explicamos, Dahiana cuenta que el deseo de hacer la obra con una amiga se impuso. Y es lo mejor que nos podría haber pasado”.

Tocar un monstruo, de Gabriel Calderón, dirigida por Gustavo Kreiman y Leonardo Sosa. 

Fui a verla con Nora, un gusto volver al Odeón.
Lo último que vimos en 2023 y me dejó muda.
Carla una actriz que siempre me conmueve y Dahiana desde Mi muñequita...bueno siempre dando lo mejor.

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