Reflexiones de una mañana de sábado en el Cabildo
De pie aplaudo a los actores y actrices que nos regalaron su arte.
De pie aplaudo a Mariana Percovich de quien tengo la mayor admiración por su trabajo.
De pie por haber creado esta gran obra colectiva, tal vez performática.
Teatro de cercanía, ese que permite mirar a los ojos al artista, ver sus gestos, ver sus lágrimas, escuchar su voz, su coro fusionado con sus voces individuales.
Cada uno nos muestra un trozo de nuestra triste historia. Quizás no sea triste el vocablo adecuado.
La obra me hace sentir mi no pertenencia a ningún grupo, ninguna etnia.
No soy negra, nunca sentí su dolor, su desarraigo, su esclavitud, su desamparo, su miseria.
No soy población originaria, no soy charrúa, no puedo reconocerme en Guyunuza, en Tacuabé, en Senaqué o enVaimaca Perú.
Nos ocultaron su vida, su rica historia, sus creencias, sus medicinas y alimentos. Nos ocultaron su verdadera lucha. Nos mintieron.
Un documento que miente identidad, no soy uruguayo, no soy alemán no soy español o italiano. No soy ni americano, ni europeo. No soy.
La piel puede ser blanca, roja, negra. Nada somos. Todo somos.
El vestuario más que adecuado, perfecto, el colorido, rojos, amarillos, azules, celestes, blancos.
La bandera mitad roja mitad celeste las franjas. Somos sangre, dolor; hijos de una épica falsa.
Guitarra negra. Zitarroza nos acompaña.
La patria se despoja del vestido y se transforma en la vaca, nuestra identidad. La carne, el marrón que golpea, el animal que golpea el piso, sus patas atadas, colgado el animal, descuartizado, sangrante, dolorido, temeroso.
Otra vez Guitarra Negra, ese trozo del verso sentido en la piel, en el cuerpo, un marronazo al corazón.
Un camino de reflexión es esta maravillosa obra. Personalmente me llevaron a entender que carecemos de identidad, carecemos de patria, esa palabra que nuclea, en Uruguay nos divide, nos excluye.
No pertenezco a ninguna nacionalidad
Mi fiesta es ser apátrida.
escrito por Nora
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