El título nos lleva a lo antagónico, siendo Japón el opuesto nuestro en el mundo. Sumado a su lengua que contiene palabras cuyo significado aporta un sentir que nuestro idioma no nos facilita.
Sus protagonistas son un señor maduro y estructurado y una joven fresca y desinhibida. Opuestos en apariencia, lejanos y diferentes como las culturas orientales y las occidentales.
El insomnio es la excusa para el encuentro de dos universos diferentes, el del intelectual catedrático con el de la joven que vive el día a día, sin inquietudes educativas y ambiciones laborales.
El diccionario es pretexto para el diálogo que nos acerca una cultura diferente, mas no evita el prejuicio ante la falta de educación, pero nos comienza a develar la verdad, que tanto él como ella llegan a conocer por diversos caminos.
Detrás de todo subyace la angustia, el dolor, el desamparo de los seres queridos. En un caso la persecución heredada por problemas de un ser querido y en el otro el repudio familiar y social.
Una relación fraterna que muestra que, el otro lado del mundo es la soledad, es el dolor, el abandono; que cuando hay otro que comparte, que escucha que contiene, el mundo es uno solo a pesar de todas las diferencias que se puedan visualizar.
El final nos hace reflexionar sobre las herramientas que nos están dadas para lidiar con nuestras emociones. Pensar quienes son los fuertes y quienes los débiles para seguir adelante sorteando el sufrimiento.
Excelentes actuaciones de ambos que nos introducen en esos mundos opuestos y convergentes con gran naturalidad.
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