Escrita por Josefina Trías, dirigida por Vachi Gutiérrez, la vimos en la Zabala Muñiz.
Es la precuela de la genial Terrorismo Emocional.
Transcurre en la crisis de 2002, una familia tipo, padre, madre dos hijos. El padre desocupado, la madre trabaja a medio tiempo, no se puede pagar el teléfono, el colegio, el almacén. Las deudas se acumulan.
La solución estaría por la ayuda que llegaría de Walter, un primo que vive en el exterior y se supone hizo fortuna.
En tanto, Clara atormenta a su familia, es intensa, inquieta, pero absolutamente incondicional de su familia, su mundo privado del que aún no puede o no quiere salir.
Los padres van perdiendo poder económico aunque dice su padre que tiene problemas financieros no económicos. El hermano suele ser más sensato, menos complejo pero llega a tener algún enfrentamiento en clase por supuesta posición ideológica.
Esa crisis que no es sólo económica y social, sino que es casi un quiebre de una sociedad en que a poco va a ser dominada por las tecnologías informáticas, las redes sociales, entonces aún no se puede adivinar ese futuro.
Una escenografía muy apropiada, donde vemos o entrevemos espacios particulares de cada uno, muebles que se transforman, luces que sugieren.
Clara es el eje de la obra, es adolescente, es brillante, tiene inquietudes literarias y artísticas, es conversadora e inquisitiva.
La obra es muy disfrutable, con música en escena, dos músicos que son parte de la obra.
El inicio con La milonga de Manuel Flores, a ritmo de rock, cantada y bailada por el elenco, es lo que nos indica que viene algo así: intenso, veloz, divertido, pero conmovedor.
Hay que ver esta obra, hay que disfrutar el teatro.
Tiene valor más allá de Terrorismo emocional, pero si vemos las dos, ahí lo sublime.
- Género: Come

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